Soneto macabro

Alma errante de hogar perdido,
se esconde de espinas y clavos,
olvidados en sus ojos dormidos,
viajan ya los ecos del pasado.


Flotará por siempre en esta ciudad
un aroma a madera podrida,
a viejos cuentos y a la soledad,
que dictan mis palabras vacías.


Continúa  buscando una salida
y empujando portones que giran,
se extravía en la oscuridad.


Más tarde, ya a plena luz del día,
se acurruca y se imagina,
que ha encontrado la felicidad.

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