Equinoccio


   Era ya media noche y las mujeres bailaban en torno a la hoguera. Los vestidos se agitaban con el vaivén de sus cuerpos, semejantes a las alas de un cuervo. Imponiéndose al crepitar de las llamas, una música llenaba el aire con sonidos monótonos y estridentes, producidos por extraños instrumentos de viento. Las mujeres reían y cantaban de forma grotesca al son de aquella música, compuesta cuando todavía no existía el tiempo. De mano en mano, circulaban vasijas que contenían una misteriosa poción preparada en una gran marmita. «Hay para todas», gritó una de las mujeres, luego siguió cantado y danzando. Sus ojos apuntaron al cielo. Miraron de una forma extraña, como si fueran capaces de ver más allá de las estrellas. 

   ─Apártense, la falla está a punto de derrumbarse ─dijo uno de los bomberos.

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