Zicatrizes, libro 1º, capítulo III: Zeporro


- ¿Qué le has contado a tu mujer? - preguntó  Ben.

- Nada, que he pillado la varicela. Es lo primero que se me ocurrió - respondió Víctor.

- ¿Y se lo ha tragado?

- A la fuerza, con la mala pinta que tengo. De todas formas llevaba tal cabreo conmigo que no sabría decirte.

- Ya se le pasará, además, con la muerte de su madre, estará muy afectada.

- Ahora que mentas a la bicha, la verdad es que le echaste un par de huevos para tírartela. Fíjate en el tamaño del ataúd, parece una cama de matrimonio. Seguro que tuvieron que unir dos normales para que cupiese dentro la vacaburra.

- Si te soy sincero, si no llega a ser porque el cipote me pedía marcha a todas horas, no hubiera sido capaz, y te lo digo ahora que estoy viendo el tamaño de la caja, no a la ballena que hay dentro.

- Es como una lata de conserva de ballena en formato familiar. Lo dicho, tienes los huevos como pelotas de baloncesto.

- Tenía, tenía, ya se me cayeron...

- Joder que suerte tienes, pierdes todas las piezas importantes. De momento a mí solo se me ha caído un dedo de un pie. Y por gilipollas. Estaba cortándome la uñas y quise rasurar demasiado.

-  Sí, lo mismo me paso a mí con las pelotas...

- Vaya, lo que me faltaba, mi coñazo, digo mi cuñado. 

- ¿Ese del traje gris? Debe de haber engordado diez quilos desde esta mañana, no se me ocurre otra manera de meterlo dentro del traje.

- Ha heredado la genética de la madre, habrá que talar un buen trozo de Amazonas cuando haya que enterrarle.

- ¡Ey Vic!  ¿Qué tal estás? Tienes muy mala cara.

- Sí, me ha afectado mucho la muerte de tu madre... y encima he pillado la viruela.

- Aahhg, ¿pero eso no es una enfermedad infantil? ¿No tendrás ningún negociete de pornografía infantil? Eh pillín.

- ¡Me caguen la madre que te pario!

- Que fuerte Víctor, decir eso con mi madre  de cuerpo presente - dijo su esposa que acababa de llegar junto al féretro -. Ya te puedes ir largando de aquí, no quiero verte más.

- Pero... pero... - balbuceó Víctor.

- ¡Qué te largues!

- Venga vámonos, aquí ya no pintamos nada - dijo Ben tirándole del brazo para llevárselo de allí.

Los dos amigos se alejaron hasta estar seguros de que nadie podía escucharlos, y se quedaron plantados mirando desde la distancia el enorme ataúd.

- Pues yo no esoy de acuerdo contigo. en un cementerio pintamos más que todos estos - dijo Víctor señalando los asistentes al sepelio.

- Tienes razón, deberíamos echarles en lugar de irnos nosotros. 

- ¿Crees que el ataúd se verá desde el espacio Ben?

- Vic disculpa a mi hermana, se ha pasado tres pueblos.

Su cuñado había vuelto a aparecer de improviso. Por lo visto en aquella familia era costumbre materializarse a tu lado sin previo aviso.

- Pero quieres dejarnos en paz - gruñó Víctor.

- Venga que somos colegas. Anda cuéntame el negociete pornográfico que te traes entre manos.

- Me ca...

- Nos ha pillado, será mejor que se lo contemos, no se le escapa a tu cuñado - intervino Ben.

- Ja, así es. Soy el Sherlock Holmes de Vicálvaro.

- Mira, hoy es sábado, el mejor día para que conozcas el negocio. Nos vemos en Temple a las diez, y te lo enseñamos todo.

- Fenóooomeno. Allí estaré.

Les saludo con la mano y se alejó dando saltitos. Víctor y Ben se marcharon a casa para tomar un buen baño. Comenzaban a oler como un estercolero, todavía rechazaban la idea de haberse convertido en zombis. Tal vez cuando estuviesen un poco más descompuestos...

- Mira Víctor ahí está esa zorra chupapollas - dijo Ben cuando reconoció a la zombi que le había mordido unos días antes.

- Todavía lleva la suela de tu zapato marcada en la cara - dijo Víctor divertido.

- Seguro que si se la lava, se la cae la dentadura.

- Bueno, teniendo en cuenta a lo que se dedica casi mejor, ¿no?

- ¡Ey chicos! Aquí estoy, veis, perdonad el retraso. La verdad es que hubiera podido llegar antes, pero me he estado pajeando en el coche para no regar las flores demasiado pronto, ya me entendéis.

- Has hecho bien. Te vas a poner tan caliente que por seguridad no deberías de acercarte a ninguna gasolinera.

- ¡Uuuoooooh! Venga chicos, enseñádmelo todoooo.

- Claro, claro. Mira, ¿ves a aquella rubia de allí? 

- Sí.

- Es una de nuestras chicas. Solo tienes que ir y decirle que quieres que te chupe la polla.

- ¿Y no me pedirá dinero?

- No hombre, ya le hemos avisado de que vas de nuestra parte. Venga fiera, a por ella.

Lo vieron alejarse dando saltitos una vez más sin imaginar las costumbres de aquella zorra. 

- Bueno- dijo Ben -. ¿Cómo crees que será tu suegra cuando salga de la tumba convertida en zombi? 

- Bah, no creo que salga.  No será capaz de hacer un agujero tan grande.

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