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Mostrando entradas de julio, 2015

Huellas en la nieve

Pensaba en el café caliente que había tomado aquella mañana. En el agradable tacto de la taza en las yemas de los dedos. Pensaba en el bullicio del comedor durante el desayuno. La felicidad estaba tan próxima, y a un mismo tiempo tan lejana.
Era de noche, y tumbado boca arriba contemplaba las estrellas. Hacía más de una hora que se había derrumbado. El frío y el cansancio habían ganado la partida, se decía resignado. Intentaba engañarse a sí mismo. ¿Qué otra cosa podía hacer? Solo deseaba que la muerte le encontrase antes que aquel horrible monstruo.

En tierra os convertireis

El frío tacto de las cadenas todavía me hace estremecer. La rutina no ha apaciguado mi alma, solo la muerte lo hará. Víctima o verdugo en este juego delirante. ¿Qué importa ya si vivo o muero?
Comenzó hace unos meses, como un rapto más. También yo pensaba que era más inteligente que el resto, que a mí no me sucedería...
Los cadáveres nunca han sido encontrados. Ahora ya sé porqué. Es mejor que tú no lo sepas. No imaginarias que formas de placer puede hallar un hombre. Ahora que has encontrado esta nota, no intentes buscarme. Ya habré muerto. Corre tan lejos como te permitan las piernas, porque el mal que acecha esta negra tierra, habita bajo tus pies. 



La ciudad de las langostas: Capítulo IV

01/07/2015

Bajé las escaleras dispuesto a tomar un buen desayuno. Todavía me costaba mantener los ojos abiertos y los frotaba de forma compulsiva cada poco tiempo.
- Buenos días - dije -. ¿Qué tenemos hoy para desayunar?
- ¿Desayunar? ¿Pero de qué guindo se ha caído este? - preguntó al hombre que estaba sentado en la barra a mi derecha.
- ¿Qué hora es? - pregunté un poco avergonzado. 
- Son las cuatro de la tarde, amigo. Hasta las ocho no serviremos comida - añadió socarrón.