Noche sin luna


24/02/2015

La noche sin luna desteñía sus cabellos. Diluido en la multitud, nada lo distinguía de los demás. Solo era un caminante entre tantos otros, en aquella populosa ciudad, en una noche cualquiera. 

Pero su noche nada tenía que ver con las otras. No era efímera, ni joven, y nada deseable. La suya era una noche fría, persistente, protectora del dolor de su alma.

Le resultaba difícil calcular cuanto tiempo había transcurrido desde que le sobreviniera la noche. En realidad eso tampoco importaba. En un mundo estático no existía el futuro ni el ahora. Tan solo el recuerdo. Pero también la noche le protegía del él. Le protegía de aquello que se hubiera convertido en su única certeza y referencia, y que habría derivado en locura desde aquel primer y único momento.

El circo de las sombras

22/02/2015

El circo había llegado a la ciudad de Blouton Dale. La avenida principal se había llenado de carteles coloridos durante la noche.  Ya nadie tenía interés por el circo, tan solo subsistía gracias a los niños. Ellos traían de la mano a sus padres. Pero incluso los niños, ya no sentían afección por el mayor espectáculo del mundo. Ahora era denostado como un entretenimiento menor y arcaico.

Sin embargo, este no era un circo como todos los demás. El Circo de las sombras no prometía diversión ni risas. Esos tiempos habían quedado atrás con la muerte del viejo Guigha. Él fue un payaso de los de antes, de los de nariz roja y zapatones. Pero con su muerte, Marcel  heredó el circo.

Secuencia final

Sintió palidecer su alma aquella mañana de otoño. Se sentó frente al televisor, como cada día antes de ir al trabajo. En todos los canales aparecía la misma noticia. Reporteros en la calle narraban el sentir de la gente, mediante entrevistas fugaces a los transeuntes. 

Arrojó la botella de cerveza, que se estaba desayunando, contra el cristal del televisor con todas sus fuerzas. 

-Hoy iré a por otro, siempre he querido tener uno de cuarenta pulgadas - dijo en voz alta.

El teatro del destino

13/02/2015

El hombre está sentado en la escalinata del viejo teatro de Blouton Dale. Su tez, bañada por lágrimas de lluvia, delata su impaciencia. Toda su vida ha estado esperando este día, porque el hombre, conoce su destino. 

En la solitaria noche espera a que algo ocurra. Su vida ha sido larga y tediosa. Nunca ha querido aprender, y ha tratado de olvidar todo cuanto sucedía, pues nada tenía que ver con su destino.

En el viejo teatro se oyen unos pasos. Algunos creen que está habitado por un hombre, por un viejo mimo. Pero es solo una leyenda, nadie ha visto jamás a aquel viejo, después de que todo ardiera.

Yo, espíritu

04/02/2015

Atravesaron el umbral. Una mujer, de gesto avinagrado, les indicó con un gesto que esperaran la llegada del brujo. Tras los cortinajes de terciopelo verde, que separaban la entrada del resto de la casa, se escuchaban varias voces, aunque era imposible distinguir sus palabras. Parecían irritados, y durante algún tiempo, pensaron que llegarían a las manos. La mujer que había abierto la puerta, asomó la cabeza entre las cortinas y las voces callaron. Un silencio sepulcral se apoderó de la casa. Podía sentirse el crujir la madera en aquel viejo caserón. La cabeza de la mujer regresó a la entrada indicándoles que pasaran, mediante un susurro inaudible.

Encontraron una gran sala vacía, excepción hecha de una mesa redonda de tamaño medio, rodeada por cinco sillas viejas, fabricadas con madera de roble.