Infección

Fue aquella casa maldita la que perturbó mi mente. Infectó  mi inteligencia con la locura, y desde entonces ya no distingo entre sueño y realidad. Creo que ya no codicio la libertad. Quizás en otro tiempo la deseara, pero ya no. Este es mi hogar, y la locura me acuna por las noches.

Temo que algún día me abandone, aunque espero que  antes de que eso ocurra, salga mi encuentro la muerte. Ya no puedo vivir sin su compañía. Sin sus dulces caricias, que me hacen sonreír tras los barrotes de estas ventanas.

Una vez alguien me dijo que me marchara, que todavía estaba a tiempo. Sin duda fue una trampa para descubrir a los pobres de espíritu. Mi dama me ponía a prueba, solo pretendía certificar mi fidelidad. Y yo no le decepcioné. Le juré amor eterno, y solo el miedo a no ser correspondido me aparta de la felicidad más absoluta.

El doctor no me entiende. ¿Cómo podría hacerlo? Él no conoce a la dama como yo lo hago. Solo conoce su reflejo en un estanque, pero jamás la ha mirado a los ojos. En nuestras últimas sesiones, creo que está empezando a comprender. Reconozco ese brillo en sus ojos. Su mirada apagada está ahora llena de vida. Es todavía temprano para que lo reconozca. Está en una fase de negación y de lucha interna, pero soy un hombre paciente. Cuando termine su transformación podremos compartirlo todo. Incluso nuestro amor.


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