Vesanía (Parte II)

La vigilia terminó. La vida como la había conocido había llegado a su fin. Ahora solo conozco el frío. Habitaciones vacías, que no saben guardar silencio. Juegos de luces y sombras, deformados por un velo de irrealidad. Y momentos de calma corrompida por una fingida soledad.

¿Qué hay más allá? No reconozco nada. Ira, lujuria, retazos de alegría, locura. Nada queda. Escenarios vacíos, que no me son familiares, y a los que jamás regresaré. Nada perdura en este tránsito. Mi existencia se ha convertido en un desfile de sombras, en un teatro de marionetas. Me pregunto quién será el titiritero que las maneja. Un hombre o un demonio, o quizás un ser con varios rostros.

Vesanía

Ocurrió casi sin darme cuenta. Un día lo simplemente lo vi. Tenía la espalda apoyada contra la valla que separaba la calle del jardín de Drattyfield.  No iba a prestarle atención, no iba a hacerlo, pero cuando pasé junto a él,  oí una carcajada. Aquella risa pareció salida de una caverna oscura y sin fondo. Me estremeció de tal modo, que no me atreví a voltear la cabeza para mirarlo. Pero lo vi. No sabría explicar cómo sucedió. Yo miraba al frente, caminando tan rápidamente como mis temblorosas piernas me permitían.

Aquellos extraños ojos estaban clavados en mi espalda. Aquella mirada parecía saberlo todo sobre mi persona. Se burlaba de mi futuro. Se mofaba de mi muerte, ocaso de la vida tal como todos la conocemos. Su sonrisa era grotesca, llena de malicia. Su rostro había sido labrado con profundos y extraños pliegues. Su físico no podría definirse como humano. Era algo indefinido, pero evidente para un buen observador.  Luego guardó silencio. Solo aquella risa. Una carcajada que volví a escuchar en mis sueños aquella misma noche. Y la siguiente. Y la siguiente. Y la siguiente...