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Mostrando entradas de agosto, 2014

Soliloquio de un demente

Resulta tan difícil describir con palabras la felicidad o, el sabor amargo, como al mismo infierno. Aunque ahora, ya no necesito que nadie me lo describa. Formo parte de él. Porque el infierno, no es un lugar de paso. Te atrapa desde el primer instante, y va incluyéndote en su ser. Pasas a formar parte de sus entrañas. Te alimenta con miedo y desesperación, hasta que, finalmente, ya no quieres abandonarlo. Tan solo deseas que todo termine. Te aferras a esa pueril esperanza. Y entonces, decides enfrentarte a él. Que vanidosos somos a veces, un insignificante ser humano contra toda la fuerza del mal.
Sin embargo, en lo más profundo de mi ser, conozco la verdad. Aunque la intente ocultar bajo gruesas capas de esperanza. Pero, por ese mismo motivo, no tengo nada que perder. Me enfrentaré a él, al menos, me dará esa satisfacción. Poco bagaje para tanto sufrimiento. Pero, ¿acaso el infierno no consiste en eso?

El árbol de la sabiduría

Quedé cautivado por la belleza de aquel árbol. Era otoño y sus hojas se desprendían, realizando un delicado baile hasta alcanzar el suelo. Sus ramas, aun medio despobladas, eran muy hermosas. Se entrecruzaban de maneras poco comunes, formando increíbles figuras. Uno podría tumbarse en la hierba y jugar a adivinar formas, como haría con las nubes.
Pero este, no solo era un árbol majestuoso. Mi búsqueda había finalizado, me encontraba ante el depositario de todo el conocimiento universal. Este era, sin duda, el Árbol de la Sabiduría, que tanto tiempo había empleado en encontrar.
Acerqué mi mano a su tronco. Inmediatamente noté una especie de descarga eléctrica emanando  de su nudoso cuerpo e introduciéndose en mi a través de los dedos. Era una sensación placentera, como un débil hormigueo que acariciaba todo mi ser. Aquellos impulsos eléctricos me recorrían completamente, pero indefectiblemente su viaje no terminaba hasta alcanzar mi cerebro.

La cena esta servida

Vi una gran hilera de hormigas avanzando pegada a la pared de la casa. Eran unas hormigas enormes. Había tal densidad de hormigas que casi podía sentir la gravedad que generaban. Seguí la columna con la mirada hasta que torcía la esquina. La curiosidad quiso que averiguase a donde se dirigía aquella multitud, sin duda, debía ser algo importante. Caminé unos cinco minutos y terminé por alcanzar a los líderes de la marcha. Fue entonces cuando comprendí. Las hormigas me seguían a mi.

Luna escarlata

La luna vino a visitarla sola aquella noche. Estaba colérica. Su rostro enrojecido, había perturbado su sólita belleza. Ya no era la dulce amiga que llamaba a su ventana con dedos de plata. Marga había comprendido, más pronto que tarde, que la luna estaba allí para cobrar sus favores.
Sin tiempo para calzarse, descendió furtivamente por la ventana. Se asió al canalón que bajaba desde el tejado con no poca gracia, alcanzando el suelo sin lastimarse. La luna la obligó entonces a andar,  a adentrarse en el bosque de Silver Swamp. Nadie entraba jamás allí de noche. Cientos de historias circulaban sobre la maldad que habitaba entre esos árboles. Las historias hablaban de gente que había sido devorada por el bosque. Al otro extremo, Blouton Dale parecía el sitio más lejano del planeta.

Fin de emisión

Miré el reloj con la mirada todavía turbia después de despertar. Encendí la radio para que acompañara mi insomnio el resto de la noche. No había sintonizada ninguna emisora, así que recorrí todo el dial hasta encontrar una voz.
-Buenas noches Fernando, es usted nuestro último oyente por esta noche.
Me sobresalté al oír mi nombre en la radio.  "¿Acaso se estaba dirigiendo a mí?" Que tontería pensé inmediatamente, seguro que miles de personas están escuchando ahora el programa.
-No intente huir - continuo diciendo la voz - tan solo postergará lo inevitable. Siéntase afortunado por haber sido elegido por El Maestro.
Esta vez no cabía duda, sabía que la voz hablaba conmigo. Un escalofrío recorrió mi espalda, me sentí asustado, sentí pánico. No comprendía que estaba sucediendo. Cuando recobré el control, apagué sobrecogido la radio a toda prisa. Demasiado tarde,  unos pasos se acercaban a mis espaldas.

Ladrón de guante blanco

Había sido más importante disfrutar de su éxito que de su vida. No obstante, el hombre sin rostro, convertido ahora en cadáver, apoyaba su espalda contra aquel edificio. Sin embargo, cuando se acercaron a él, todos le reconocieron.


2º Concurso "Microrrelatos: Tierra de musas" - Círculo de escritores