La brisa

08/12/2014

Simiente del miedo de los hombres, que visitas mis sueños. Presencia perturbadora que irrumpe en mi descanso. ¿Acaso mi desvelo no es suficientemente desdichado? ¿Por qué motivo me atormentas sembrando en mi la destrucción? 

Mi inteligencia ya no es capaz de distinguir entre realidad y sueño. Aunque quizá no exista diferencia alguna después de todo. Tal vez, sea la locura tan solo un puente que conecte ambos mundos. Pero si tengo la certeza  de que hay un puente tendido para mí. Un paso franco entre las pesadillas y un destino aciago. Mi voluntad ya no desea elegir entre uno u otro mundo, pues ambos, son igualmente aterradores. Terminaran tanto uno como el otro marchitando mi alma, hasta el límite de la locura, si mi cuerpo no sucumbe con anterioridad a tu inquietante presencia.

Nada sé de su procedencia ni de su pasado. Nada sé de sus motivos ni de sus intenciones. Solo sé que desde hace un  tiempo me visita. No creáis que es plausible su presencia. Es, sin embargo, como una brisa imperceptible que golpea mi espíritu. Que se posa sobre mi hombro como un ave silenciosa, buscando apresurar mi muerte y acrecentar mi congoja.

Nunca habló conmigo, aunque muchas veces busqué sus respuestas. Traté de ser amable y atento, me mostré respetuoso, incluso suplicante. Mas no obtuve respuesta de la dulce brisa, ni del viento enfurecido. Más tarde le grité airado, ya nada me importaba, ni mis riquezas, ni mi destino. Grité hasta quedarme sin voz. Blasfemé, pero su cruel naturaleza le hizo guardar silencio. Solo su presencia pude sentir, y todavía puedo.

Me abatirá con lentitud. Sin que nadie se de cuenta, en soledad. Quedaré mirando a través de esta ventana. Observando un mundo de sombras, que se expande más allá de la noche. Quizá entonces sepa que parte de mi vida fue real. Quizá todo termine para siempre. Aunque no temo a ni una cosa ni la otra. No obstante, últimamente otro razonamiento trastorna el ocaso de mis días. Quizá me convierta en una brisa. En una brisa apacible y pesada.


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