Nadie los ve

23/11/2014

Los monstruos torturaron mi cuerpo y mi alma. Me convirtieron en despojos y mugre. Aquello que fui, es solo un vago recuerdo que pronto será olvidado.

No todo el mundo puede verlos, siquiera imaginarlos.  Surgieron de los lodos primordiales con los que fue creado nuestro planeta. Han vivido entre nosotros, sobreviviendo a los cataclismos, glaciaciones, hambrunas y enfermedades. Su naturaleza les protegió de caer en el olvido, que el tiempo construye a su paso. Sus almas corruptas han propagado la muerte, inmisericordemente, con astucia y simplicidad.

Y aunque nadie creyó en ellos jamás,  siempre estuvieron presentes, acechando tus sueños, dispuestos a corromper tu cuerpo, a devorar con extremo placer cada gramo de tu carne y de tus huesos.

Quizá ahora sientas su aliento cerca. Respirando espasmódicamente junto a tu cuello. Saboreando anticipadamente la exquisitez de tus vísceras palpitantes. Podrían rodear tu cuerpo con sus extraños brazos, para no dejarte escapar jamás. Romperían tus huesos, despacio, disfrutando de tu agonía. Lamerían tu rostro con sus  ásperas y espinosas lenguas. Se dibujaría una lúgubre sonrisa de despedida en tu  máscara ensangrentada.  

Pero todo esto no puede ocurrirte. Porque nadie los vio jamás. Porque todos saben que ellos no existen.


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