De fuego y plata

30/11/2014

De fuego y plata fue concebido. De fuego su interior, que rezumaba a través de su boca en cada exhalación. De plata su figura, que abarataba el brillo de la luna durante el raso de la noche. Orgulloso, dominante, aterrador. Residente de las profundidades Oswolrf y azote del valle de Halrteim. Estos eran sus méritos y su desdicha. 

Solitario y odiado por los demás seres de Halrteim, se contentaba con las riquezas de un ser sin alma. El valor de sus tesoros no tenía igual. Amontonados en una gran cámara, en el abismo de Oswolrf, acumulaban mugre y codicia. El primario placer de su simple posesión había ya desaparecido. No, su placer era otro. Era más retorcido, sabía de su propia malicia.  Pero eso no importaba, ya nunca seria perdonado. 

Los trolls, los trasgos, los orcos, las hadas y los gnomos. ¡Todos debían sucumbir! Sus penurias, sus miserias, y sus aflicciones, eran la razón de que él siguiera todavía con vida. Solo eso deseaba en el mundo, vivir lo suficiente para que todos se sintieran tan desdichados como él. 

Y su nombre fue Habbú. Y de todos, fue el último dragón. Y su soledad solo se extinguió con su muerte.


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