Necrogénesis

Ha pasado mucho tiempo ya, desde que comencé a trabajar en este proyecto. Ya desde niño, estuve muy interesado en conocer la historia de la humanidad. Visitar el Egipto de los faraones, contemplar la grandeza de Roma o presenciar la batalla de Austerlitz eran algunos de mis sueños. También quería saber que depararía el futuro de la humanidad. Quizá visitar un tiempo en el que el hombre viajara a otros planetas, o hubiese encontrado cura para cualquier enfermedad.
Así que, cursé historia y obtuve una plaza en el departamento de historia de Medieval en la universidad de Ingolstadt. Sin embargo, un día, mientras charlaba con unos compañeros de la universidad, surgió un tema, con el que creo, todo el mundo ha fantaseado alguna vez. ¿Y si pudiésemos visitar esos tiempos con los que llevamos soñando toda nuestra vida? ¿Y si pudiéramos construir una máquina para viajar en el tiempo?

Todos olvidaron rápidamente esa conversación hasta que en otro momento apareciera de nuevo, ya que, es un tema recurrente, especialmente en nuestra profesión. Sin embargo, yo no pude. Día tras día pensaba en ello, soñaba con ello.

Comencé por estudiar física en mis ratos libres. Poco a poco, la física absorbió toda mi atención, al punto que decidí abandonar mi plaza en la facultad de historia y doctorarme en física cuántica.

En vista de que la física ortodoxa no proporcionaba los resultados que yo andaba buscando. Comencé a seguir todo tipo de teorías extravagantes que pudieran proporcionar científicos, los cuales eran irremediablemente desacreditados por la física ortodoxa. Sin embargo, analicé hasta el último detalle cada una de esas teorías, a la vez que iba elaborando la mía propia.

Si bien no pude hallar forma alguna de viajar al futuro, descubrí que teóricamente el viaje al pasado sería factible consiguiendo una inversión de las propiedades de la materia, concretamente, del vector temporal. Esa inversión en el vector tiempo, según mi teoría, se conseguiría al enfriar la materia por debajo de los -273 grados Celsius. Por debajo de esa temperatura, la materia acumularía anti-energía. Esta anti-energía, invertiría las propiedades de los objetos, incluido el transcurrir del tiempo.

Fueron unos años en los que prácticamente no vi la luz del día. Llegaba muy temprano, al laboratorio y apenas salía a la calle media hora para comer. Luego volvía a entrar y salía ya de noche, rendido de cansancio. Pero tanto trabajo dio sus frutos. Finalmente, sinteticé un gas magnetizado con el que conseguí temperaturas muy por debajo del cero absoluto.

Construí un prototipo de mi máquina del tiempo y experimenté con los primeros viajes al pasado. Primero envié simples piedras, más tarde plantas, y finalmente animales vivos. Solo puedo asegurar que tanto unos como otros viajaron hacia el pasado, pero nunca pude comprobar como terminaron su viaje. Y solo habría una manera de comprobarlo...

Fabriqué una máquina más grande que permitiera alojarme dentro. Planifiqué todos los detalles del viaje, y la noche del día dieciséis de julio del año dos mil trece me introduje en la Vorzeit, que así fue como bauticé la máquina.

Debido a la inestabilidad del gas, la máquina no podía detenerse hasta haber finalizado el viaje. De este modo, decidí establecer una fecha de destino no demasiado lejana, ya que, no sabía como afectaría a mi organismo la traslación temporal. Quise hacer un guiño a la historia y establecí la fecha en el 16 de julio de 1969.

Al principio, los cambios fueron imperceptibles. La velocidad de la Vorzeit iba en aumento. Poco a poco, la visión de lo que me rodeaba se hizo difusa. Finalmente, el exterior de la Vorzeit era una amalgama de potentes haces de luces caleidoscópicas que se entrecruzaban unos con otros, al punto que tapé las ventanas para proteger mis ojos.

En ese momento miré mis manos con estupor. ¡Estaban rejuveneciendo! No salía de mi asombro. ¿Cómo era posible? ¿Cómo no pude predecirlo?! En realidad no estaba viajando en el tiempo, ¡estaba retrocediendo en el tiempo!

Desde entonces espero con angustia el momento en que el viaje transcurra por la fecha de mi nacimiento, que será también, la de mi muerte.

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