Monstruo

Debido a mi dificultad para el habla, a mi cojera ostensible y a mi sordera, he sido tratado, desde mi infancia, con condescendencia. Las miradas de soslayo, el aislamiento y porque no, la vergüenza, han sido el menú del que se ha alimentado mi personalidad.

A pesar de esto, y no con cierta satisfacción, no puedo ocultarlo. Desde que el monstruo apareció, soy el ser más feliz de este recóndito pueblo. El miedo se ha adueñado de las noches. La gente, apenas si se atreve a asomar la cabeza a través de la puerta. Pero lo que no saben, es que sus miradas de terror y su preocupación, son el cebo que atrae al monstruo. Y yo no lo tengo.

Se extrañan de que yo permanezca impasible, o de que duerma con las ventanas abiertas. Pero ¿qué he de temer yo de la muerte?, si la vida que en suerte me ha correspondido, por muchos hubiera sido ya rechazada.