Whendel

Un día, sin más, apareció en mi habitación. Era bajito, de tez rojiza y nariz aguileña. Vestía alegres colores, pantalones verdes, un chaleco rojo y una camisa amarilla de lino muy ancha para su talla. Decidí llamarle Whendel.

Al principio, no pude verlo. Solo oía sus pasos y sus risas, el suelo crujía con sus pequeños saltos. Yo intentaba adivinar de donde provenían. Recorría con la mirada la habitación, pero él, esquivo, la evitaba.